martes, 19 de julio de 2011

La nueva barbarie

Tecnología y responsabilidad adulta.
No diré que nunca había existido la violencia en las escuelas, mucho menos aseguraré que antes se podía vivir más seguro en ellas, lo cierto es que ahora vamos enterándonos de lo que en la mayor parte de las instituciones se viene practicando con modalidades más acordes a los tiempos tecnologizados en los que estamos insertos.
Sin aclarar los grados ni los estratos en los que el fenómeno del bullying se presenta con más frecuencia, la CNDH, asegura que tres de cada diez estudiantes son víctimas de él; tiempo de alarmarnos si no tomamos las precauciones necesarias, primero, para informarnos qué suelo están pisando nuestros infantes y segundo, cómo estamos educándolos en el uso de la tecnología.
La fama de las instituciones educativas se sostiene al principio con el trabajo que se realiza al interior de sus paredes lo que conlleva a la satisfactoria recomendación de cada padre de familia que tuvo la suerte de que su hijo o hija tuviera acceso a ella, pero pareciera que, posteiormente, esa fama sóo responde a la inercia de lo que se construyó en su entorno.
Ninguna escuela asegura que lo que aprenden sus alumnos sobre el uso de herramientas como el ordenador electrónico, vaya a ser utilizado en beneficio propio y de los demás, ni siquiera pueden procurar una vigilancia estrecha del tipo de información que consumen y que producen, por la sencilla razón de que se ven rebasadas por sus pupilos.
Cuando se habla de capacitación para los docentes, por lo general se deja de lado lo que concierne a la tecnología, pues es posible que nos topemos con capacitadores que no han entendido las necesidades de cada profesor en cuestión de ella y creen que, uniformando el acceso, solventaron el propósito de la capacitación misma. Sobre lo educativo, hablaremos mañana.
Roberto Barroso Espinal

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