Prisas, prisas, y más prisas...
Se acerca la cena de navidad, y como es la costumbre del buen mexicano dejar todo a la última hora, este año no podía ser la excepción.
Estas fechas se caracterizan por compartir un momento grato, al lado de familiares tanto cercanos, como aquellos a quienes vemos después de cierto lapso de tiempo debido a la distancia, trabajo, compromisos, etcétera. Y si se puede, pues también celebrar en compañía de los amigos, novio (a), compañeros de trabajo, entre otros.
Pero mi interrogante en esto es, ¿por qué dejamos todo a última hora? Las compras de la cena, los regalos, las bebidas para el brindis, piñatas, dulces... Y la lista continua... El tema lo menciono, porque últimamente he recorrido a diario las calles del centro, y me ha tocado escuchar: "mira, las manzanas están en buen precio para la ensalada, pero... luego venimos", "mamá, ¿y las velas?- no te preocupes hija si trabajan el día 24".
Apuesto a que el mercado, supermercados, centros comerciales y cualquier otro negocio que venda articulos para estas fechas, estarán a reventar. Y muy seguramente sucederá lo mismo el 31 de diciembre, el 5 de enero... Y... Mejor le paro de contar.
¿Acaso creemos que aquello que necesitamos estará disponible para cuando lo ocupemos? ¿Creemos que somos lo suficientemente "pudientes" para adquirir lo que sea, en el momento que sea? ¿Consideramos ser muy "influyentes", y pensamos que los comerciantes nos guardarán los productos? O ya de plano, lo único que sucede es que somos flojos, y además desidiosos.
Yo respondería que se debe a lo último que les acabo de mencionar. Pero debe existir algo más de fondo, para que nos comportemos de esa manera. Y no sólo en fechas decembrinas, si no toooodooo el tiempo. ¿Será que ya tengo tema para tesis?
Jessica Castañeda Ortega
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