lunes, 27 de septiembre de 2010

La nueva barbarie

¿Casarme? No por ahora.
El café inunda con su aroma el espacio que debía ser copado, según las tradiciones familiares, por distintas voces dirigidas a no perder el tiempo y llegar a "buena hora" a diversos destinos. Sin embargo, sólo acompañan al primero las notas del himno nacional. Cada uno de los seres humaos de este planeta ha decidido, de alguna manera, las acciones que ha deseado realizar, incluidas las relaciones sociales.
Sólo basta pensar en el precio que estamos dispuestos a pagar y ahí está, cualquier decisión puede ser tomada sin menoscabo de intereses o aspiraciones profesionales. Al día de hoy, decidir sobre firmar un contrato matrimonial o vivir solo, puede ponerse fácilmente en una balanza sin que ello signifique que estás mal o fuera de la perspectiva de tu grupo.
Aunque una revisión de lo que motiva a quienes decidimos no contraer nupcias, podría señalarnos si esto es de verdad por convicción o por un intento de alargar una adolescencia sin compromisos aparentes. Aquí entra lo del precio a pagar; estoy convencido de que la educación que tenemos (conste que no la instrucción académica) sigue siendo vehículo de la tradición y la tendencia a retardar o evitar vivir en pareja vía un contrato, no parece encajar, por lo que algunos intentos de mantener la idea de que el ser humano debe perpetuar esa unión topa con la crítica posición de quienes lo consideran anacrónico, sin tener un porqué definido. Este porqué será motivo de otro espacio.
por: Roberto Barroso Espinal

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