Los súperdotados.
Puede ser sólo cuestión de actitud, sin embargo, se han hayado causas que parecen sacadas de alguna novela de ficción; sin demeritar los síntomas o las causas que provocan los padecimientos encontrados en los últimos tiempos, la psicología provee de razonamientos que dejan ciertas lagunas al tratar de entender del comportamiento social.
Por supuesto, no puedo asegurar que no existan tales enfermedades, mucho menos al ver que son tratadas desde la psiquiatría con varios medicamentos, pero hay dos líneas que parecen cruzarse en un campo no muy evidentemente explorado y a cabalidad; por un lado, una acumulación de energía que los individuos no pueden externar y por el otro, su supuesta súperinteligencia.
Desde hace dos décadas más o menos, he venido escuchando que las nuevas generaciones tienden a ser más inteligentes a decir de sus padres, imagino que se trata de la visión de inteligencia que entre los sesenta y los setenta se manejaba: un comportamiento donde se mantenía la acumulación de conocimientos como lo principal.
Entonces, si un infante podía memorizar un cúmulo mayor de información del que un adulto era capaz, entonces era tratado como inteligente, por lo que podía ser objeto de un trato privilegiado hacie el interior de su hogar; esto no dejaba espacio para la duda, por ejemplo, qué hacía con toda esa información o para qué le servía. Visión a la que daremos seguimiento mañana.
Roberto Barroso Espinal
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