Y ahora, ¿cuál es el pretexto?
Quienes sean asiduos seguidores del futbol y hayan podido ver el partido entre las seleciones de nuestro país y la de Alemania en el campeonato mundial de la especialidad sub-17, habrán sido testigos de un episodio casi épico donde nuestra representación, superando más que nada los atabismos a los cuales nos acogemos cuando no nos salen las cosas, consiguó la victoria.
Sin caer en triunfalismos baratos, estos muchachos dieron muestra de que el juego de conjunto, por lo general, supera la actividad individual; comprometidos con una idea, pacientes a la hora de aplicar lo que conocen y renuentes a verse como víctimas de la fatalidad, funcionaron como un equipo y tomaron con la debida sensatez, su compromiso para consigo mismos.
Esto sugiere un conocimiento propio muy amplio sobre lo que pueden o no realizar, tanto en la parte técnica, como en la disciplina que se requiere para acoplarse en la parte táctica. Si se les ve como una empresa (tal cual), sentaron las bases de lo que debe privar en lo referente al cumplimiento de cada tarea individual.
Hubo errores, sí, pero fueron capaces de mantener un funcionamiento coherente a sus ideas, pertinente a la hora de entregar resultados; lo anecdótico envuelve también al partido, Gómez entra con un vendaje que le cubre una herida impresionante y a la postre, se volvió el ejecutor del gol que daría la victoria al equipo nacional. ¿Podríamos tomarlos como ejemplo en todos los ámbitos?
Roberto Barroso Espinal
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