Extrañas conformidades.
En estos pasados comicios locales en varios estados de la República, se intentó seguir con la práctica de las alianzas. No estoy en contra de que se lleguen a acuerdos que mejoren las condiciones de vida en nuestro país. Lo que no creo es en que intenten hacernos creer que compartirán dos partidos políticos la misma idea de lo que es gobernar.
Entiendo que se debe tratar por cualquier medio de que la institución en la que te desempeñas, sobreviva, pero una alianza que presupone la fusión de dos ideologías no puede ser el mejor método; ni siquiera la imposición o sesión puede ser aceptable para quienes, si de verdad son seguidores de una visión específica del cómo hacer las cosas, invierten sus energías en ello.
La imagen que me queda es que, si se va a formar un partido para proponer a personas dignas y socialmente aceptables para ser elegidas como representantes de una visión del mundo para ostentar un puesto de representación pública, no se vale transar con esa intención y abandonar así nada más el o los ideales que les dieron origen.
Peor aún, la afirmación de que el Estado de México fue ganado por el PRI porque el PAN se negó a hacer una alianza con el PRD (dicha por estos últimos), resulta del todo insultante e inverosímil, pues hay que tomar en cuenta que es difícil imaginar a dos ideologías contrarias estableciendo un acuerdo para presentarse como un bloque común. Para Ripley.
Roberto Barroso Espinal
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