viernes, 1 de julio de 2011

La nueva barbarie

Si no es propio, no es problema.
El progreso de una sociedad suele medirse en cuanto a la cantidad de satisfactores que va acumulando, la funcionalidad de los mismos y su duración; todo ello requiere planeación, tanto si hablamos de los producidos por el Estado como los elaborados por la iniciativa privada y, en ocasiones, la conjunción de los tres requisitos no suele ser la óptima.
Como ejemplo, podemos observar el instituir un centro educativo como una escuela primaria; de ninguna manera dudamos de su utilidad e importancia, mucho menos podríamos inferir que desaparecieran una vez que ya se echaron a andar, sin embargo, al parecer no tenemos una idea clara de la colocación de cada una de ellas con respecto de su funcionalidad.
La sensación que crea el construir el edificio para una nueva escuela debe ser muy satisfactoria, máxime si dicha construcción llevará el nombre de alguien significativo para nosotros, pero quizá no se pusieron a pensar en que el lugar que se escogió, no era el más idóneo para ello. Esto último se puede constatar en la medida en que se van acumulando malestares al rededor del edificio.
Quienes tengan la "dicha" de compartir los horarios de salida y de entrada de una escuela primaria, podrá ennumerar los problemas a los que debe enfrentarse si desea aproximarse al menos a su domicilio. La inconciencia derrochada por padres y alumnos raya en el insulto, al grado de apoderarse materialmente de la calle. Entendible en una sociedad como la nuestra.
Roberto Barroso Espinal

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