Puñaladas por la espalda.
Toda sociedad supone que tiene el derecho de informarse, que es una parte importante de su crecimiento como grupo y que esto va a coadyuvar a que no haya ninguna fisura que ponga en peligro su integridad. Es cierto si consideramos que la información que fluya está enfocada a dar el conocimiento necesario para lograr dar pasos significativos hacia el aprendizaje.
Toda sociedad supone que tiene el derecho de informarse, que es una parte importante de su crecimiento como grupo y que esto va a coadyuvar a que no haya ninguna fisura que ponga en peligro su integridad. Es cierto si consideramos que la información que fluya está enfocada a dar el conocimiento necesario para lograr dar pasos significativos hacia el aprendizaje.
Desde hace mucho, el derecho a la información ha ido distorsionándose; creemos que es válido meterse en la vida de los demás puesto que si "se oculta algo" es porque no se tiene el valor de ser honesto. Sólo que hemos perdido la distancia y cruzamos la linea entre el derecho legítimo y la invasión a la privacidad.
No medimos el alcance de nuestras palabras y suponemos que son inocuas porque las mencionamos en secreto y sólo con las personas de nuestra confianza, gente ésta, que quizá encuentre el mismo placer insano de meterse en lo que no les importa, al igual que a nosotros. No hay peor hipcresía que hablar de alguien justo cuando de quien hablamos está de espaldas a nosotros.
El conocimiento crea responsabilidades más allá de lo que algunos cerebros inoperantes pueden resistir; recordemos que cuando señalamos con nuestro dedo a alguien, hay otros cuatro de ellos que apuntan directamente hacia nosostros. Y esto, no es una lucha de moralidades.
Roberto Barroso Espinal
No hay comentarios:
Publicar un comentario