Trabajador = prescindible.
Los plazos suelen agotarse más rápido de lo que deseamos; las vísperas de cada evento tienen el sello particular de aumentar nuestra ansiedad y deseo de que ya ocurra lo que aguardamos. La división de nuestra vida depende de cuántas y cuáles sean las obligaciones que debemos atender, así entonces, pasamos de evento a evento sin mediar una reflexión sobre si hicimos bien o mal nuestra labor.
El cumplir metas resulta de alguna manera obsesivo, esto también, dependiendo del grado de responsabilidad que se tenga, por lo que nos encontramos mayores presiones si se es un encargado de lo que sea y ello conlleva el peso de vigilar lo que otros deben hacer. Las organizaciones se vuelven así, máquinas de fabricar desencantos.
A unos, sólo les importa que todo se lleve a cabo según un plan preestablecido, pues deben reportar los resultados a un superior, que a su vez, desea ver que esos resultados le beneficien para poder seguir ofertando las fuentes de empleo que hasta el momento resutan sostenibles. La presión empieza si se flaquea en la obtención de lo planeado.
En un escalafón cualquiera, quienes tienen menos oportunidad de oponerse a dicha presión, son los fueron contratados para realizar las tareas específicas hacia el interior de una organización; en una fábrica, los operarios, en un comercio, los vendedores, en una escuela, los maestros. Sin mediar entre sus labores y las metas una consciencia cabal de lo que se pretende de ellos en ocasiones, se les insta a conseguir lo que otros han propuesto.
Si una de esas piezas fallara, simplemente se le va amonestando, creyendo que con eso volverá a rendir como se espera de él o ella, en caso contrario, sólo se desecha. Se ha perdido mucho del sentido humano que debe prevalecer en las relaciones laborales. No se averigua cuáles podrían ser las causas de que un elemento pueda dejar de rendir como exige su puesto.
Los descontentos han pasado a un grado menor de importancia, puesto que hay muchas "refacciones" en un mercado laboral que ve a la mayoría de los trabajadores como intercambiables. Más aún, cuando debes buscar otras fuentes de empleo que solventen lo que, por amonestaciones, has ido perdiendo como poder adquisitivo.
Roberto Barroso Espinal
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