El título de la columna de esta ocasión suena a trabalenguas, ¿cierto? Je, sin embargo en esta ocasión los invito a reflexionar. ¿Cuantas ocasiones la forma en la que actuamos es influida por un buen patrón bien aprendido? Realmente es que yo diría que sucede todo el tiempo.
El tabú hacia la sexualidad, el manejo y la forma en que se percibe la discapacidad en nuestra cultura, el manejo de duelo...
La verdad es que lo que me llevó a escribir en esta ocasión fue un curso de sensibilización que tome hace algunos días atrás en CIVI (Centro Integral para la Discapacidad Visual), a manera de preparación, para antes de comenzar a dar mis prácticas. Pero, ¿saben qué? Este curso no es meramente para especialistas o estudiantes en salud mental que quieren trabajar con la discapacidad, así que les hago una atenta invitación a que si pueden asistan a él. Es una experiencia única, llena de aprendizaje, desaprendizaje, retos... Je, en fin, ¿qué les puedo decir yo?
Desgraciadamente para nuestra cultura la discapacidad es una enfermedad, y no lo es. Además de que tendemos a ver a quienes la padecen con lastima... ¿No se han puesto a pensar que la lastima los lastíma? Un factor importante a trabajar creo que sería ese, a una persona con dicapacidad, en qué le va a ayudar la lastima...
Así sean personas ciegas, sordas, mudas, no dejan de ser seres humanos, también sienten, piensan, e incluso perciben muchisimo mejor que nosotros mismos aquello de lo que no nos damos cuenta, justamente porque "no nos falta nada"; ¿que tal nuestro ánimo?¿Cambio de perfume?¿actitud?
Quizá el mundo como tan en cuanto a simbolización, lo perciben distinto (dependiendo de las condiciones en que adquirieron la discapacidad), sin embargo, eso no quita que tengan tantas ganas como nosotros de descubrir el mundo, de desear que se les deje de tratar como enfermos. ¿Por qué mejor no enseñarles a vivir con ella? No sólo a ellos, si no a la familia también.
Se nos ha enseñado tanto a mirar de más a una persona en silla de ruedas ya sea porque tenga paraplejía o un grado alto de retraso mental, o incluso a que si encontramos uno en el centro comercial, no le dirijamos una mirada... ¡Carajo, no son monstruos! De cierta forma me parece que la dicapacidad también es un tabú, ¿será por ingorancia? O será que realmente nos da miedo enfrentarnos a ella...
Con todo esto, y después de lo que viví en el curso salí con una interrogante que quiero compartirles: en el caso de los invidentes, ¿realmente son ellos los ciegos?¿No será que somos nosotros?
Jessica Castañeda Ortega
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