Un lindo cuento de navidad.
Había una vez un pequeño reino muy peculiar y muy bello por aquellos lujos que, como recompensa de tanto trabajo, dejaba aquella clase social. Era un lugar fresco, rodeado por el verde de los árboles y cobijado por la paz y la tranquilidad de aquellos aires campiranos.
Como cada mañana aquel feliz hombre perteneciente a la aristocracia se dispuso a prepararse para dar su caminata diaria. Bajó de su habitación, llego a su antesala de piso de caoba y, estando parado sobre su tapete de temoaya, recordó una cosa muy importante. Subió, entró a su habitación y le dio un beso en la mejilla a su mujer.
Encendió su costosísima camioneta. Manejaba cantando con singular alegría pero extrañamente iba solo, sin los guardias que a diario lo custodiaban. De pronto, de una manera que realmente pocos saben, un grupo de bandoleros lo bajaron del vehículo. Lo encerraron en unas lejanas mazmorras que pocos saben dónde están. Siete meses fueron los que este pobre hombre duró aislado. Se veía acabado, con una larga barba pero con el cabello corto. Dio breves discursos donde manifestaba que había perdonado a sus captores. Tal vez fue porque estas fechas de alegría y de perdón lo conmovieron. La razón pocos la saben. Pero lo importante es que él está bien. Por sus palabras, tiene el firme propósito de limpiar al reino de todos los vándalos. ¡Ah que felicidad! ¡Por fin se hará justicia!
Sin embargo la duda se ha apoderado de la mente muchas personas incrédulas. Aquél gran personaje que tantos logros ha traído al reino, ha sido víctima de injurias, se ha desprestigiado la blanca reputación y confiabilidad que tantos años tardó en construir. Confieso que soy también un hereje, un miembro inexperto del grupo de los escépticos. ¿Por qué iba sin guaruras? ¿Por qué las televisoras le hicieron más propaganda cuando presuponían “que estaba muerto” que cuando si murió Mouriño? ¿Será esto un espectáculo para postularse como presidente para el 2012? Las dudas son muchísimas más, pero ¡ah que buena historia! Sin embargo no le presté mucha importancia porque soy sólo un inexperto en estas cosas.
Por Isaac Camargo
No hay comentarios:
Publicar un comentario