jueves, 21 de octubre de 2010

PERMAMENCIA INVOLUNTARIA

Espero no salir linchada por hablar de este tema en semana de exámenes.
Algunos parten del supuesto de que la felicidad actualmente es confundida con el placer, que incluso puede presentarse una línea muy tenue, pero establece la diferencia diciendo que si el placer fuera felicidad, se podría comprar sin problema alguno y pues a las pruebas nos remitimos de que realmente no puede ser de esta manera. Pero como somos ignorantes en un tema esencial para nuestro largo camino de vida, esperemos, compramos la idea de lo que nos cueste menos trabajo y tiempo. Al respecto hay dos supuestos o somos unos grandes administradores o de plano unos verdaderos comodinos.
Otro autor comentaba que la felicidad viene como consecuencia de vivir de acuerdo a nuestros valores éticos, puedo compartir un poco la idea, pero si haría hincapié a que es estrictamente necesario hacerlos realmente vivenciales y respetar la esencia de cada valor, ya que con tanta distorsión que hay de ellos por la falta de identidad y la presencia del terrible juego de conveniencias absurdas, vamos modificando los valores para adecuarlos a nuestra forma y estilo de vida, por eso estamos faltos de esencia porque actuamos en base a algo que no la tiene.
Aunque  tal vez suene medio cursilón e incluso ridículo, considero que la felicidad debe ser uno de los proyectos más ambiciosos a los que debemos aspirar, ya que creo que es el complemento esencial para hacer lo que amamos y viceversa, aguantar lo que no tanto y sonreír en las circunstancias y/o a pesar de ellas. Al respecto sí creo que nadie garantiza que salgamos bien librados porque la realidad es que no hay inmunidad, pero como diría William Shakespeare: “Ser o no ser, he ahí el problema…”.
CASANDRA BRAVO REYES

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