Acompañando al caminante...
La semana pasada tuve la oportunidad de ir a Querétaro al 5° Congreso internacional, 6° Iberoamericano y primer congreso mexicano de Acompañamiento Terapéutico... No se me espanten, no les hablaré de la teoría. Lo que si, es que desde mi punto de vista fue un congreso muy rico en información, grato en experiencias y digno de volver a repetirse.
A todo esto, hubo una conferencia en particular que movió mucho en mi de manera interna, y además me puso a reflexionar. La conferencia se tituló: "Acompañando el invierno", a grandes rasgos el ponente habló de todas aquellas veces que sin darse cuenta llevó a cabo un acompañamiento con tías(os), abuelos, sus padres (siendo todos ellos adultos mayores).
Justo aquí fue cuando mi mente comenzó a rodar, para ser acompañante terapéutico es cierto que se requiere de preparación tanto teórica como práctica, entre otros elementos; sin embargo, ¿cuántas veces no hemos prestado a alguién nuestro hombro para que llore? ¿Cuántas ocasiones hemos dedicado tiempo a alguién que necesita hablar? ¿Quién no ha ayudado ha una persona a tomar alguna decisión planteándole de antemano un panorama más amplio? Etcétera...
En el congreso se nos hizo incapié en que la función de un acompañante es justo, acompañar; entonces me cuestiné sobre ¿en qué momento yo he sido acompañante para alguién, sin saberlo? Y no sé ustedes qué opinen, pero considero que la mayor parte del tiempo acompañamos en el camino a un sin fin de personas para que en el momento "adecuado" (por llamarlo de alguna manera), cada uno tome rumbos distintos, y el mejor según convenga.
¿Cómo sucede esto? Me parece que sucede desde el momento en que alguién comparte con nosotros las buenas y malas rachas que ha pasado, cuando alguién nos platica de un problema que tiene, solicitando casi a gritos que se le dé una solución, cuando estás con alguna persona en un momento extremadamente difícil y por qué no, hasta en el momento en que te preguntan "¿cuál chaqueta se me ve mejor?".
¿Cómo sucede esto? Me parece que sucede desde el momento en que alguién comparte con nosotros las buenas y malas rachas que ha pasado, cuando alguién nos platica de un problema que tiene, solicitando casi a gritos que se le dé una solución, cuando estás con alguna persona en un momento extremadamente difícil y por qué no, hasta en el momento en que te preguntan "¿cuál chaqueta se me ve mejor?".
A todo esto, podría ser que... ¿Todos llevamos un acompañante terapéutico, dentro de nuestro ser?
Por: Jessica Castañeda Ortega
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