En estos días que he salido a las calles he sentido como la navidad se adelantó a su fecha, la siento más próxima. El frío, la gente abrigada, el olor a madera quemada y todas esas cosas me hacen sentirme contento por la presencia de diciembre en octubre. Disfruto, como muchos otros más, el melancólico y a la vez alegre ambiente que nos hace recordar nuestra niñez, a nuestras familias y a nuestros amigos, insisto, ahora en octubre.
Y es que hasta hace algunos años se sentía un clima muy tranquilo en estas fechas; el bochorno, la calma, en fin, todo era tan aburrido. Ahora todos nos damos la oportunidad de disfrutar un café caliente en la mañana.
Sin embargo no se qué pasará, ¿acaso el niño Dios nacerá en un pesebre más cálido que los anteriores? ¿Los reyes magos llegarán a dejar los juguetes a las casas empapados de sudor? O ¿El frío reinará durante muchos meses más de los permitidos y no se irá sino hasta febrero? El complejo de culpa ahora comienza a invadirme por no haber cuidado el planeta. Ahora ya no sé si es buena idea que diciembre viva en octubre.
Por Isaac Camargo
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