Prostitución.
Desde pequeños, a mi generación y a éste que escribe, nos enseñaron que no era bueno tomar lo que no es de nuestra propiedad, el robo respondía a una de las formas de comportamiento más vituperadas de ese tiempo; no sólo a lo material se referia la sentencia, sino a todo lo que tenía que ver con la manera en que tenía la gente de ganarse la vida.
Así entonces, una distribución inequitativa de la riqueza, el imponer jornadas de trabajo inadecuadas, cesar una relación comercial o laboral sin previo aviso, correspondían a formas de despojo del dinero, el tiempo y la confianza respectivamente, asuntos éstos que en la actualidad se ven depauperados en el conciente colectivo.
Inclusive, los más radicales se referían a ello como una forma de prostitución, ya que el disimulo intervenía de tal forma que sólo una de las partes, de manera unilateral, imponía y ejecutaba lo que su entender percibía como benéfico sin tomar en cuenta lo que pudiera necesitar la otra parte. Todo reducido a intereses comerciales.
Aquí debo ofrecer una disculpa a quienes se dedican a vender su cuerpo, pues la referencia va dirigida a situaciones donde, desde un punto privilegiado y de cierto poder, ejercen el mismo para mantener una imagen antes que enfrentar lo que consideran problemático y pues, quien va con una real prostituta, al menos sabe a ciencia cierta a qué se enfrentará.
Roberto Barroso Espinal
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