lunes, 7 de febrero de 2011

La nueva barbarie

La ilusión de la variedad
A nivel social, como sospecha fundamental, tenemos la creencia de que hay distractores desde los medios de comunicación para que no nos demos cuenta de los probables golpes a nuestra economía o seguridad que pudieran avecinarse. Eso no es lo preocupante. Si nos hemos dado cuenta, lo lógico sería que ya hubiéramos tomado cartas en el asunto.
No es así. Nos hemos conformado con sólo detectarlos sin poner un hasta aquí a las manipulaciones mediáticas. Reaccionamos casi en cero en una escala del uno al diez. Y no conformes con ello, seguimos consumiendo productos que ni tienen un contenido digno, ni presentan novedades en su creación.
Las historias se repiten, los formatos son los mismos, las caras son siempre iguales. Ya ni siquiera hay opciones para poder elegir. Un ejemplo claro lo tuvimos ayer con la transmisión del juego final de la NFL, como lo tenemos cada vez que se les ocurre que es necesario ver cómo parece jugar la selección de fútbol.
Telenovelas, caricaturas, programas de concurso y un sinfín de transmisiones vinculadas con una supuesta realidad que no resulta tal, si nos tomáramos la tarea de analizar la utilidad personal. Es decir, ¿de qué nos sirve consumir mensajes que nos llevan a los mismos lugares comunes? La radio, desde hace décadas, está convertida, al menos en provincia (con sus muy decorosas excepciones), en una rockola, repetidora de los supuestos gustos populares.
La realidad de nuestras elecciones en los medios sólo tiene de dos sopas: al consumir todos los mensajes que se tienen al alcance o te aclimatas o te aclimueres; por el otro lado si se piensa en variedad, se puede elegir entre caca o mierda. Disculpen el final.
Roberto Barroso Espinal

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