Un velo para soportar la tragedia
Las diferencias proponen diferentes visiones de los mismos fenómenos; las explicaciones sobre la diversidad nunca son suficientes en el ámbito multiétnico en el cual nos desarrollamos. El poco avance que hayan tenido algunas regiones, obedece no simplemente al menosprecio de sus costumbres por parte nuestra, los factores se diversifican en la medida en que tampoco conocemos las que nos dieron forma como sociedad.
Pareciera que flotamos en un marasmo de ignorancia endémica, adyacente al desinterés provocado por la ilusión de una vida agitada, plagada de ocupaciones huecas donde lo importante es sólo el resultado y no el proceso. Hemos aprendido a dejar pasar lo que nos han vendido como desechable, sin reparar en que el epíteto lo aplicamos a todo.
Todo se vuelve una refacción edonista de la vida, sin que sepamos qué es vivir, expectantes de una situación futura que nos quite de padecer. Porque padecemos, algunos en silencio y otro protestando, pero lo hacemos, sin atinar a encontrar la solución vía organización. La espera del gran Tlatoani sigue vigente, la vemos en la figura de cualquier persona que se atreva a plantear una visión más o menos acomodada a nuestro sentir, aunque ello no necesariamente tenga que ver con la realidad. El camino trazado nos condena a reproducir sólo la tragedia de nuestra forma de convivir.
Roberto Barroso Espinal
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