La evolución del cine.
Cuando recuerdo mis primeras visitas al cine, ni siquiera se veía venir esa oleada que la tecnología traería consigo para hoy en día. El cine era hecho a la “antigüita” y pues uno simplemente se sentía atraído por aquella pantalla enorme frente a nuestros ojos, imponente, espectacular; que aunque no tenía nada de especial más que su tamaño, pues esa simplicidad precisamente era la que nos embrutecía. Acompañada obviamente, de esa magia envolvente de estar en una sala gigante, a oscuras y con un equipo de sonido digamos necesario para el disfrute. Me llama la atención entonces, esos grandes cambios que ha sufrido la industria en menos de quince años, para seguir llamando nuestra atención. Por principio creo que no era tan necesario y digo tan, porque a final de cuentas el cine por sí solo ya generaba un “feeling” diferente al de estar sentado en casa viendo una película. Bueno, la tecnología avanza y con ella, casi todos los ámbitos en los que participamos los hombres, como sociedad. La diversión es uno de los que más rápido ha evolucionado y se vislumbra un crecimiento aún mayor a pasos agigantados. El cine 3D (tercera dimensión) ha venido a revolucionar el cine para muchos, para otros es mera mercadotecnia. Me incluyo en estos últimos. Creo que la necesidad de evolucionar y de “renovarse o morir” como dijera el buen Corcoba Herrero, radica más en la picazón que sienten los productores y dueños de salas de cine en sus bolsillos, que por realmente avanzar tecnológicamente la industria. Sino entonces explíquenme que basuras como “Saw” y “Piraña” ya tengan su versión a la tercera dimensión. Estrictamente necesario no es y, por otro lado, ya todas las animaciones tienen su versión 3D. ¿Adónde llegaremos después? ¿Cuál será el siguiente paso? ¿Cine con olor? Resérvenselo, de verdad, porque muy probablemente al ver las aberraciones que hemos logrado con la finalidad vil y llana de engrosar nuestras carteras, los hermanos Lumière estarían muy probablemente revolcándose en su tumba.
Adán Sarmiento
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