Expectativas renovadas.
Se acercan irremediablemente las festividades navideñas y de fin de año. Creo que ya lo había mencionado en otro espacio; es tiempo de preparar nuestros buenos deseos. Por mi parte, ayer al son de "¿Qué pasa Pedro?" interpretada por Mexicanto, me di cuenta nuevamente de que las posibilidades de salir de cualquier problema se aparecen de pronto y debemos tomarlas como vienen. Las múltiples situaciones en las que nos metemos por ser cómplices de corruptelas (evidentes o no), realzan la desesperación que sufrimos algunos cada fin de mes. Y no me refiero a que participemos activamente en el tráfico de estupefacientes, en incentivar la mordida y el cochupo o la trata de blancas a gran escala, no. La verdad ante nosotros apunta a que no somos capacez de oponernos a las dinámicas ilícitas y guardamos silencio.
Se acercan irremediablemente las festividades navideñas y de fin de año. Creo que ya lo había mencionado en otro espacio; es tiempo de preparar nuestros buenos deseos. Por mi parte, ayer al son de "¿Qué pasa Pedro?" interpretada por Mexicanto, me di cuenta nuevamente de que las posibilidades de salir de cualquier problema se aparecen de pronto y debemos tomarlas como vienen. Las múltiples situaciones en las que nos metemos por ser cómplices de corruptelas (evidentes o no), realzan la desesperación que sufrimos algunos cada fin de mes. Y no me refiero a que participemos activamente en el tráfico de estupefacientes, en incentivar la mordida y el cochupo o la trata de blancas a gran escala, no. La verdad ante nosotros apunta a que no somos capacez de oponernos a las dinámicas ilícitas y guardamos silencio.
Callar también es una forma de corrupción; echamos a perder lo que en los supuestos legales establecemos como lo ordinario; tiramos por la borda lo que idealmente queremos para nosotros y nuestra descendencia; optamos por rezar porque no nos pase lo que al vecino pero, "lloramos con él su desgracia". De nada sirven las denuncias personales si el grupo, al final de cuentas, se "hará rosca" y nunca dirá está boca es mía.
Los discursos denunciando el lacerante individualismo fluyen como en una fuente bizantina, pero las soluciones quedan como sedimento añejo, en el fondo. Al parecer, como dijeron algunos considerados extremistas-retrógrados en décadas anteriores "necesitamos otro dirigente con mano dura, como Don Porfirio". A la luz de todo lo inimaginable que permea en nuestro entorno, me da miedo decirlo, es posible que empiecen esos retrógradas a tener razón.
por: Roberto Barroso Espinal
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