El ring de la información
El derecho a la información es uno de esos que puede tener dos valores casi intrínsecos; por un lado, pareciera ser muy importante puesto que estar informado representa poder, nada hay en este mundo que no necesite de, al menos, un instructivo; por el otro, se posiciona en algunos sectores como algo accesorio que no tiene más valor que el consumir la mayor cantidad de datos, para después desecharlos puesto que cumplieron con un solo cometido inmediato: parecer informado.
El derecho a la información es uno de esos que puede tener dos valores casi intrínsecos; por un lado, pareciera ser muy importante puesto que estar informado representa poder, nada hay en este mundo que no necesite de, al menos, un instructivo; por el otro, se posiciona en algunos sectores como algo accesorio que no tiene más valor que el consumir la mayor cantidad de datos, para después desecharlos puesto que cumplieron con un solo cometido inmediato: parecer informado.
A nivel de medios de información, la competencia por ser el primero, el exclusivo, el único en dar una noticia, se ha vuelto una especie de prueba olímpica donde se ha perdido el objetivo primordial que es el dar un servicio. Los protagonismos son bárbaros en el sentido de que se proponen más como héroes, que como el vínculo entre los hechos y el gran público. Ese público que ha sido condicionado a seguir esperando las soluciones a todos los problemas vía un caudillo; los ejemplos cotidianos sobran en la mayor parte de los consumos de información que realizamos. En las telenovelas, por ejemplo, resulta más importante qué actor o actriz trabajará, que la historia misma, por lo que es muy notorio que se nos ofrezca la misma trama en cada producción, pero con diferentes caras.
En el deporte, el fútbol sigue un mismo patrón semestral; el manoseo de jugadores nos ha llevado a pensar que lo importante es el régimen de transferencias y no el juego. Punto notable tienen los noticieros entonces, pues en el afán de "ganar la nota", llegan a la osadía de publicar reiteradamente algo que no es cierto. Juzguen qué propósito tendría entonces, el publicar a nivel nacional la liberación de Diego Fernández de Ceballos ya en cinco ocasiones. Horror al crimen.
Roberto Barroso Espinal
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