Nuevamente tengo la oportunidad de escribir en este espacio, tratando de compartir de manera clara, este pequeño escrito.
Como sabemos, las injusticias, ciertamente no son un tema reciente o relativamente nuevo. Sin embargo, sí es algo que se agudiza cada vez más y lo lamentable, resulta ser, es que ya no es a una escala mayor como en el gobierno, que tal vez sería lo primero que se nos viene a la mente, sino desde nuestro entorno inmediato como la familia, la escuela y más en corto todavía, en el salón de clases. Este último creo yo, es el más propenso a caer en la injusticia de manera continua e incluso obligada, mayormente por parte de los maestros.
Mi justificación es la siguiente: comprendo el papel tan difícil al que se enfrenta un profesor al tener que escuchar las diferentes ideologías de los alumnos, pero creo que es más difícil aún que a estas alturas sea el alumno el que no solamente tenga que escuchar la ideología del catedrático, sino que además el maestro trate de imponerla en el alumnado… Qué lamentable resulta el escenario ¿no les parece? Yo pienso que sí, ya que para mí tiene mayor credibilidad y respeto aquel que aunque no esté de acuerdo con tu manera de pensar o actuar te respeta a alguien que ni siquiera escucha tu postura ni trata de comprenderla, pero de antemano ya la rechaza porque de entrada no se asemeja con su ideología o filosofía de vida. Pero aquí, es donde surge mi planteamiento de que un maestro no puede lograr justicia y equidad, porque no logra desprenderse por un momento de sus propias ideas para tener objetividad. En resumen, puedo decir que no por el hecho de pararse ante los alumnos a querer imponer, mostrar don de mando, ser un sabelotodo y calificar de acuerdo al estado de ánimo, te da el título de profesor. O ¿ustedes que opinan?
POR: CASANDRA BRAVO REYES
¡Cachis! ¡le faltó titulo hombre! ¿Dónde esta la formalidad?
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