Estudio en tiempos de escasez
En algunas ocasiones he externado mi animadversión hacia la situación que prevalece en el país, sin que con ello deje de admirar lo que potencialmente somos. Y es ahí donde la puerca tuerce el rabo. Tenemos potencial, poseemos la imaginación suficiente para poder hacer grandes cosas, hay talento de sobra para salir del marasmo arraigado desde décadas anteriores. Pero...
En algunas ocasiones he externado mi animadversión hacia la situación que prevalece en el país, sin que con ello deje de admirar lo que potencialmente somos. Y es ahí donde la puerca tuerce el rabo. Tenemos potencial, poseemos la imaginación suficiente para poder hacer grandes cosas, hay talento de sobra para salir del marasmo arraigado desde décadas anteriores. Pero...
A fiales del siglo XIX y principios del XX, se apostaba con mayor fuerza por la educación. La lógica respondía a formas de pensamiento positivistas (algo tardías), cuyo objeto principal trataba sobre el orden y el progreso. Se intentó institucionalizar toda actividad que tuviera que ver con la acumulación y la creación de conocimientos; se organizó de tal manera la instrucción, que hoy en día nos es difícil pensar que la escuela puede ser de otra manera.
Tal ha sido el arraigo, que esa institucionalizacion se ha venido transformando de control de contenidos a guía conductual paternalista. En mis tiempos de primaria, aún me tocó escuchar que había gente que no nació para estudiar. La amenaza constante era: "si no quieres estar aquí (la escuela) deja tu lugar para alguien que sí lo desee".
Sería prudente revisar ahora, si los caminos que hemos tomado sirven para que cada uno de nosotros halle sentido a su accionar dentro de este tipo de instituciones, pues así también valoraremos nuestra incursión a otras, una vez que salgamos al "mundo real".
por Roberto Barroso Espinal
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