jueves, 2 de septiembre de 2010

PERMANENCIA INVOLUNTARIA

Hace unos días, precisamente después de una plática, por alguna extraña razón… pensaba en lo lamentable y hasta cierto punto difícil que es cuando alguien cercano a ti tiene que alejarse por alguna circunstancia repentina. Y a poco no, lo primero que haces es quedarte pasmado y sin saber qué hacer ni qué decir, pero a los pocos minutos de haberse retirado, las palabras, frases y demás cosas que te hubiera gustado hacer o decir, comienzan a salir a borbotones acompañadas de la expresión adecuada, las pausas y todo un ritual, pero ya de qué sirve… ya se fue. Es verdad, existe el teléfono, el correo electrónico y tantos otros medios que te pueden ayudar a que digas todo lo que después de que se fue vinieron a tu mente, pero ya no es lo mismo obvia y evidentemente. La despedida ya no tiene el mismo impacto y en lo profundo, bueno tal vez no tan profundo, pero queda una frustración y una revoltura de sentimientos que ya no sabes qué es lo que realmente sientes e incluso piensas. Pero la frustración no es suficiente, como buenos masoquistas, comenzamos a recordar los momentos que consideramos desperdiciados con la persona, pero es que si hubiera hecho… si hubiera dicho… si hubiera aguantado… Caramba, ya de que sirve, porque no alcanzamos a percibir las cosas de esta manera en el momento en que suceden, para entonces actuar y evitar la culpabilidad que se siente, sin siquiera tenerla realmente. Y como siempre… soñamos despiertos con lo ideal, pero actuamos completamente dormidos en la realidad.
CASANDRA BRAVO

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