Me tocó en suerte (dudosa ésta) publicar en fecha tan representativa del sentir nacional. Conmemoramos una de las invasiones norteamericanas de las cuales fuimos objeto en el siglo antepasado. Uno de tantos pretextos históricos para regodearnos en el melodramatismo telenovelero, que hemos cargado desde el primer día que tuvimos contacto con nuestra historia.
No recuerdo en este momento a quién debemos echarle la culpa, si a Vasconcelos o a Sierra, pero la creación de ciertos mitos respondió a la necesidad de crear una identidad nacional, así pues, la imagen tan llevada y traida de Agustín Melgar, Juan de la Barrera, Fernando Montes de Oca, Juan Escutia, Francisco Márquez y Vicente Suárez sólo ha servido para seguir creando la ilusión de que solos podemos hacer las cosas, en lugar de concientizarnos en formar agrupaciones que potencialicen nuestras facultades.
La historia oficial ha formado espejismos de omnipotencia que invariablemente terminan en tragedia "con la ofrenda de sangre vertida en los campos de batalla". Pero si la batalla diaria de sobrevivir en este país nos está quedando grande, ¿cómo podríamos enfrentar una problemática mayor?
La sensación es que estamos solos, 1847 queda cada vez más lejos, pero no únicamente en el tiempo, sino en la conciencia colectiva por lo ajenas que nos resultan las figuras de los héroes. Piénsenlo inclusive desde el fútbol; sólo Oliver Aton era capaz de ganar un partido él solo. Salud.
Roberto Barroso Espinal
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