Desde la antigüedad, los pueblos a base de golpes y porrazos, se dieron cuenta de que no habría que dar cuartel a los oponentes en caso de que surgiera un conflicto bélico... Cualquier deporte es una alegoría de la guerra; quien descubra lástima o un pequeño resquicio donde cualquiera de los contrarios pueda sacudirse la superioridad del otro, se verá beneficiado por la sorpresa.
Sorpresa mayúscula que generalmente se llevan los pueblos latinos por tener corazón de pollo; ayer tuvimos a bien, observar exactamente el ejemplo contrario al que siempre ponemos en evidencia como nación. El juego: México-Alemania; el deporte: fútbol femenil. Las alemanas, haciendo gala de su sed de triunfo, lucharon los noventa minutos reglamentarios (incluidos los consabidos extras) y pasaron por encima de unas mexicanas que no supieron qué camión las atropelló.
No había transcurrido ni un minuto cuando las germanas ya tenían una oportunidad de anotar y sólo les bastó que pasaran otros tres y la lograron. Al final, casi al minuto ochenta y ocho, la número nueve de Alemania, se barre con decisión frente al arco nacional como si estuviera empezando el partido y por poco anota, a pesar de que el tanteador les favorecía nueve a cero.
El marcador podría ser lo de menos, lo realmente importante es que si hubiera sido al revés, estaríamos diciendo “ya, pobres alemanas, no deberían ensañarse las nuestras de esa manera”. ¿De dónde salió tal mediocridad? Si cuando debemos sacar ventaja, ésta debe ser lo más abultada posible. El aprendizaje está dado, sólo falta que lo hayamos entendido.
Sorpresa mayúscula que generalmente se llevan los pueblos latinos por tener corazón de pollo; ayer tuvimos a bien, observar exactamente el ejemplo contrario al que siempre ponemos en evidencia como nación. El juego: México-Alemania; el deporte: fútbol femenil. Las alemanas, haciendo gala de su sed de triunfo, lucharon los noventa minutos reglamentarios (incluidos los consabidos extras) y pasaron por encima de unas mexicanas que no supieron qué camión las atropelló.
No había transcurrido ni un minuto cuando las germanas ya tenían una oportunidad de anotar y sólo les bastó que pasaran otros tres y la lograron. Al final, casi al minuto ochenta y ocho, la número nueve de Alemania, se barre con decisión frente al arco nacional como si estuviera empezando el partido y por poco anota, a pesar de que el tanteador les favorecía nueve a cero.
El marcador podría ser lo de menos, lo realmente importante es que si hubiera sido al revés, estaríamos diciendo “ya, pobres alemanas, no deberían ensañarse las nuestras de esa manera”. ¿De dónde salió tal mediocridad? Si cuando debemos sacar ventaja, ésta debe ser lo más abultada posible. El aprendizaje está dado, sólo falta que lo hayamos entendido.
Roberto Barroso Espinal
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